No queremos ser moneda de cambio


Los valencianos somos un pueblo con alma propia, llena de vida, que tiene
un carácter trabajador e integrador. Nuestro dinamismo como sociedad nos
lleva alcanzar nuevas cotas, reclamar renovados horizontes y poner fin a la
ineficacia política de los representantes valencianos en el Congreso de los
Diputados y el Senado, cámaras que dan sustento a la toma de decisiones que
afectan a todos y cada uno de los rincones del Estado español. La causa,
sin lugar a dudas ni a engaños, es el férreo control orgánico de los
grandes partidos estatales sobre sus cargos públicos y la ya tantas veces
manifestada anteposición de los intereses partidistas, por encima de los
intereses de un pueblo, el valenciano, que clama por la erradicación del
desprecio, la vejación y el olvido que pesa sobre el mismo.


A pesar de ello, los valencianos trabajamos cada día sin descanso,
aguantando las presiones de los que pretenden aniquilar nuestra
singularidad, soportando la mala imagen que se vierte sobre nosotros en el
sistema mediático español. Ello, nos lleva a tener un peso económico
equivalente al 10% del PIB del Estado español y a representar, en peso
poblacional, al 10,5% del total de habitantes del mismo. Además, el volumen
de nuestras exportaciones es tan importante que nuestra balanza comercial
nos otorga un saldo positivo de 3.800 millones de euros, ya que nuestras
exportaciones son superiores a los 30.000 millones, mientras que todo
aquello que importamos a penas alcanza los 26.000.



Estas cifras, que dan cuenta de nuestra forma real de ser como pueblo -no
la que nos quieren imponer-, sin embargo, no se traducen en el peso
político que correspondería a nuestro territorio. En Madrid y Bruselas
somos la voz que nadie escucha y, fuera de nuestra tierra, estamos
silenciados, escondidos y distorsionados. El tratamiento mediático que de
nuestro pueblo se hace es, directamente, antidemocrático y totalitario.
Nuestra lengua propia no se reconoce en los discursos que ofrecen los
medios de comunicación, a pesar de estar reconocida por la Constitución del
Estado español, a través de nuestro Estatuto de Autonomía. Mucho menos nos
reconocen una idiosincracia que desconocen o se esfuerzan por desconocer.



En el contexto actual, desde La Moncloa y el Palau de la Generalitat de
Catalunya se trabaja, de manera subterránea, para encajar el mal llamado
“problema catalán”, a partir de un cambio constitucional y una modificación
en el sistema de financiación autonómica y, como siempre, lo están haciendo
a espaldas de nuestro pueblo, sin contar con los valencianos.



No obstante, los valencianos nos vemos en la obligación de, cuanto menos,
exponer nuestras reivindicaciones, de manera clara y contundente. Una vez
más, lo haremos desde el civismo y el pacifismo, condiciones que
caracterizan a nuestro pueblo y que lo mueven desde hace tantos siglos como
data nuestro ser y hacer como conjunto. También llevaremos a cabo nuestras
reclamaciones desde una estricta obediencia valenciana a todas las
instituciones del Estado. Pero no soportaremos, ni una vez más, volver a
ser moneda de cambio en las negociaciones entre el Estado español y la
autonomía catalana.



Por ello, el pueblo valenciano volverá a la vanguardia, a ser lo que
siempre ha sido, a liderar un movimiento desde su propio germen social, así
como desde su definido carácter político, organizado y constructivo y leal
con su propia alma popular. Un movimiento que tenga continuidad en el
tiempo, para quitar la mordaza a la voz valenciana, hasta ahora silenciada,
creando una corriente de pensamiento seria, con una estructura eficaz. Para
que eso ocurra, el valencianismo político, transversal, cívico y cultural
debe retornar a ostentar el peso social que tuvo antaño, así como retornar
a las instituciones políticas democráticas, con credibilidad, programa y
propuestas encaminadas a cambiar y mejorar la autonomía valenciana.



En este sentido, es clave reclamar en los centros que emanan de nuestra
soberanía como pueblo, establecidos en Valencia, Madrid y Bruselas, los
siguientes objetivos, cuya consecución debe ser compromiso ineludible de
los representantes políticos, dentro y fuera de las fronteras valencianas:



   1.

   Reconocimiento del Derecho Civil Valenciano



   1.

   Negociación de un pacto fiscal entre el Gobierno del Estado español y la
   Generalitat Valenciana, para contar con un Concierto Fiscal como el que, a
   día de hoy, ostentan el Reino de Navarra y Euskadi. Éste deberá ser justo y
   reconocer el gran esfuerzo fiscal del pueblo valenciano, poniendo en valor
   el nivel de lealtad de los valencianos con España. Una dedicación pocas
   veces valorada y jamás recompensado. Es el único camino para poder tener
   una Sanidad y una Educación con carácter universal, para todos los
   valencianos, así como los que deciden escoger la prosperidad de nuestra
   tierra como vía para progresar. Queremos homologar nuestros sistemas
   sanitario y educativo con las sociedades europeas más avanzadas.



   1.

   Fuerte apuesta por las infraestructuras que conectan nuestra economía
   con el mundo, apostando por el corredor Mediterraneu, la salida a Europa
   por Aragón y los puertos de Valencia, Sagunto y Alicante.



   1.

   Rebaja de impuestos para familias y autónomos.



   1.

   Potenciación del campo, la industria, el turismo y las energías
   renovables; sectores en los que los valencianos debemos alcanzar el
   liderazgo internacional y la autosuficiencia.



   1.

   Solución al problema hídrico de los valencianos, así como a la
   despoblación de nuestros bosques y el interior de la tierra valenciano.
   Estos es básico y necesario para construir nuestro futuro y prevenir las
   consecuencias del cambio climático.